Querida intrusa mía



Desde dentro de tu cuerpo todo se ve diferente, me gusta la intensidad de los aromas y colores vistos desde tus corneas, paseando entre tus fosas nasales que hoy pertenecen a mi conciencia, a mis sentidos.

Hoy quiero amar como tú amaste, pintar con tus pequeñas manos, conocer a esas mujeres que morirían por besarte, y esos hombres que se obsesionan con tu sola presencia imponente.

Ser mujer no es lo mismo que ser mujer cuando se posee una persona y te conviertes en dos. Cuando bebes agua y sabe a una boca desconocida, cuando sientes el viento acariciarte sin reconocer tu alma dentro de ese cuerpo.

Quiero correr para probar la agilidad de tu cuerpo antes de tener que volver al mío, quiero robar tus joyas de fantasía, probarme tus vestidos, mirar a tu hombre y que piense que soy tú, y que llore pensando que has cambiado.

Quiero ver más allá de lo que creí existente, quiero tocar los unicornios de tu locura, abrazarme de las hadas de tu soledad, y amarrar mis pies a la cama que te ve morir. Para no perderte durante nuestra separación.

Apártate ya, déjame sola, que puedo no cansarme de ser tú, y puedo intentar quitarte tu vida, tus ganas y tu alma, aunque eso no me dará lo que más deseo, tus locos intentos de descifrarte a ti misma.

Aunque disfruto ser tú, no podría describir ese dolor que te interpone entre la propia vida, y te hace crear visiones extremamente duras. Llévate tu dolor, eso es lo que más vale y nadie te puede robar.

Sobran ganas



Ya estoy levantado, no sé qué hora es la hora, voy al baño a vomitar y me he quedado sin más dentros que expulsar. Me veo en el espejo, no reconozco mis ojos, lo demás es más o menos parecido a lo que era la última vez que me miré, pero los ojos de hoy son los de un anciano, un esquizofrénico, un asesino, un fantasma.

Y yo ni siquiera tengo la fortuna de autodenominarme como lo hace mi retrato, yo soy un hombre que se levantó sólo, apaleado y deprimido de resaca, sin ubicación en el espacio o el tiempo, sin motivación.

El refrigerador está adornado de vacío, se parece a mi estómago, a mi corazón, a mis recuerdos y a la gente que siempre está, pero vive en otro mundo. Muero de hambre, la última vez que comí fue directamente del frasco de aceitunas cuya caducidad ya coqueteaba en la línea de lo recomendable, sin embargo, me ganó el hambre y el miedo de salir de mi casa, encontrarme con el brillo insoportable del sol, tener cruzar la calle para llegar a la tienda y buscar una comida más decente.

Estas ganas de vivir enclaustrado durante el día, me convierten en un nadie nocturno, en el hombre gruñón con migraña que de día mis pequeños vecinos y los grandes también llaman “don monstro”. El de los lentes oscuros, la apatía, las ganas de dormir y no despertar, las ansias de desquitar mi ira contra el mundo y el desgane físico que ni siquiera eso me permite hacer.

Veo una y otra vez psicópata americano, si yo me pareciera más al estilo Hollywood podría ser ese asesino, sólo me falta dinero, un buen trabajo y sobriedad. Mi cuerpo no da más, y parece desmoronarse cuando veo la cara burlona de Susana en todas las malditas mujeres a las que podría interceptar una noche de fiesta. Conseguir una prostituta para asesinar es fácil como ofrecerles un viaje gratis a su interior con un poco de sustancias estimulantes. Pero embargo soy tan dependiente de lo que consumo, que muy poco me sobra como para invitarle a los demás. Y si acaso lo hiciera, quedo tan inconsciente después de una noche apasionada, que cuando despierto la chica ya se fue, y yo sólo quedo como hoy, deprimido y sin nadie a quién matar.

Debo mejorar mi táctica, por lo menos preguntarles el teléfono antes de irme a la cama, así podría tener contactos, posibles víctimas futuras, o posibles amantes. Aunque preferiría ser un camaleón y cambiar, pero lo más triste es tener ganas de hacerlo cuando vives en un mundo que te ofrece todo para continuar viviendo en la mediocridad.

Hace unos años yo era una promesa para mí mismo, cada día me juraba no ser como el alcohólico de mi papá, no vivir medio muerto como mi mamá y no ser ermitaño como mi hermana. Y heme aquí, que soy la familia perfecta, soy lo que soñé en mis pesadillas más nítidas, las que tuve despierto y se cristalizado hoy.

Hola madre irresponsable, hola padre vicioso, hola hombre creador de una familia disfuncional. Déjenme en paz o los mato, al fin y al cabo con ustedes no puedo fallar.

Hoy puede ser un gran día. Mañana también




Ya está llorando el cielo, desde el momento en el que Paco menciona el caminar de la musa que tiene alma de gato, y sale el sol para ella. Llueve más fuerte, y es un debate en que si su chica baila o no baila. Las hamburguesas saben a Paulina cuando se habla de Paulina, y la gastroenteritis duele menos en Paulina. Mejor ordena un vaso con agua en vez de tomarte la lluvia.

Yo digo que todos bailamos, desde el traspié en la madrugada al levantarse, el estiramiento a las 9 de la mañana cuando el jefe se descuida, el correr para alcanzar el transporte y el abrazo en el que nos quedamos por 10 segundos revelando cansancio y ganas de compartir lo que en ese momento ni la boca quiere expresar.

Es este paso rápido que le damos a la vida, pensamos que se convierten tus danzas más sublimes en pasos disparejos necesarios, los cuales aparentan carecer de relevancia. Dicen los grandes sabios que quien escucha su respiración una vez al día, es el único consciente de su propia vida. Vivir no se parece a festejar todas las noches, ni a que te apoden “señor interesante”. La vida tiene más cercanía con los árboles, con la creación de caricias sinceras en los instantes más hostiles, con la buena voluntad que mata las ansias de venganza, y esa luz del cielo rojo, que apaga mis ojos cansados y luego los vuelve a encender en matices rosados.

Quiero cubrirme desde las uñas de los pies hasta la punta del cabello, voy a humedecerme de un color verde que pueda camuflarse en el jardín donde los ritos satánicos se convierten en una explosión de frutos sin malicia, donde las maravillas de Dios pueden jugar con mis pensamientos más mundanos y terminarlos en oraciones, donde Jesús toma la mano Hitler mientras todos bailamos un dance tonight de McCartney, aunque nada tiene que ver pero me gusta la mandolina, la guitarra y el bahio.

Trozaré todas mis fotos, sólo voy a dejar aquella que le tomé a mis pies, para asegurarme de que mis hijos sabrán que nunca tuve los pies en la tierra, y que a pesar de todo, no logré echar raíces por culpa de mi condición de medio vegetal, medio animal y medio criatura fantástica salida de los cuentos en los que las brujas huyen de la torre negra y las ranas anuncian que los nomos bailan con los conejos. Me gusta tanto volar, que me desespero en el cubículo que enmarca la vida laboral, hoy tuve que trabajar parada y ponerme a bailar, discretamente, pero pude bailar el soul que mis pies cantaban bajo las sandalias blancas y el esmalte fucsia.

No quiero hacer pactos nunca más, mejor quiero llenar nuestra casa de flores, abejas y miel. Para que tengamos varios colores interesantes que plantar, para que enfrentemos el terror de los zumbidos que quiero espantar contigo, y para que tengamos suficiente dulce para el café de las mañanas. Con esa miel también estaré dispuesta a curar tu garganta cerrada, que quiero siempre abierta a reír, quejarse de mis travesuras y darme una palabra suave acompañada de esa mirada.

La mirada de cómplice “ya vas”.

Desvelada



Hoy me ha dado por cantarle a mi diablo, besar en la boca a la locura y soltar mi cabello para que el aire en su magnífico erotismo termine por crearle un frizz de excitación. Hoy no tengo ganas de rendirle cuentas a la nena que guarda compostura en mi interior, así que voy a quemar, luego quebraré la piedra ámbar de mi pulsera nueva y voy a hundirme en la profundidad de su invisible claridad. Escucharé babasónicos, y de manera ridícula voy a llorar en la melancolía de escuchar letras tan inservibles.

Vengan todos a cruzar mi puerta, miren las rosas que Víctor me trajo el domingo, están secas y muertas hoy viernes, pero me invitan a sonreír al recordar que la belleza trasciende la muerte. Esta belleza tan intrínseca e inservible para fines sociales, esta belleza tan rica a la hora de matarse, o de matarse de risa. Me la paso usando unas chanclas de cuadritos que al principio eran muy cómodas, pero hasta lo cómodo provoca callos al hacerse cotidiano, pinches zapatos de piso. Perdone usted amor mío, que merece verme siempre entaconada aunque lo haga lucir chaparro.

Son las dos de la mañana y yo con ganas de escalar el cerro, son las dos con uno en lo que dije son las dos de la mañana, y las mejores fotos las tomé en el lugar más ridículo de mi casa. “Pásame el fabuloso hija, que voy a trapear”, ese producto “fabuloso”, me da mala espina, como que es el pacto de unos directores de marketing con alguna fuerza oscura que prometió hacer de ese tontísimo nombre, una aseveración creíble para nosotros los mortales.

Vamos a matar mosquitos aunque ellos no nos quieran matar, y matemos de una vez a la gente que chupa sangre, y que se suiciden los aburridos, para que den un paseo al lado de Dante y luego sepan la importancia de divertirse mientras pueden. Ya es el sueño el que me tiene blasfemando mi querido Dios, pero yo te caigo bien así que sé que no hay borlo si juego un ratito contigo.

Ay bueno, ya me voy a dormir, pero no puedo callar a mi mente cuando recuerda la voz de Omar hablando de los duendes que vio en su pueblo, la manera en que jugaron y supo distinguir entre un duende de alma buena y otro de alma mala. Ya me quiero dormir pero su voz resuena platicando de los diferentes tipos de hadas, las que parecen libélulas y las que son como damitas diminutas, dulces y brillantes. Quiero cerrar los ojos, pero también quiero escuchar más teorías fantásticas de la gente que sí cree que podemos tocar lo intangible que sólo encuentro en mis sueños o en dibujos.

Creo que ya estoy dormida, ni siquiera tuve la oportunidad de cambiarme de ropa y ya te estoy soñando en un beso descalzo.

De las pasiones


Anoche, como entre niebla, hice el amor, me entregué a los brazos del viento, a la ausencia de luz y al canto de las hadas que pasean entre las plantas cuando se pone el sol. Y dormí entre los brazos de Morfeo mientras él me acariciaba la cabeza como un tierno padre.

Mi sueño de anoche no me permitió vestirme esta mañana. Salí desnuda a comprar comida, regué el pasto cuando el sol a penas se asomaba para hacerme cosquillas, y mi piel jugó atrayendo sensualmente los rayos del sol, intercambié algunas palabras con mi vecino y luego saqué el carro de la cochera, me puse el cinturón y manejé hacia ningún lado, sólo pensaba en lo raro que es andar desnuda sin que la gente lo note.

Quisiera platicarle a alguien cómo es que mi esposo de noche muda de piel y se pone de color azul, sus ojos desaparecen y su boca brilla opacando toda su fisionomía. Yo me quedo siempre sin palabras al no poder acostumbrarme por completo a sus rituales nocturnos, en los que me toma entre sus brazos escamados, me besa con su boca animal, me toca con su lengua que tiene triple fuerza, me araña el torso con sus garras parecidas a las de un águila y luego me hace morir. Y me muero, y despierto sintiendo caricias en mi cabeza, y a mi lado está de nuevo el hombre bien educado, de sonrisa sincera y piel blanca con el que me casé.

Yo no sé si él sabe lo que yo sí sé y no quiero compartir, porque me gusta pensar que es mi mejor secreto. Este fenómeno que tengo conmigo, me da felicidad de día, al ser el hombre bueno con el que comparto mi vida, el que me da seguridad y comparte sueños. También me da felicidad de noche, cuando tiene una metamorfosis de película de terror, en la que experimenta con mi cuerpo todo lo que quiere, y me hace gozar porque conoce en su instinto animal más de lo que yo he podido experimentar conmigo misma o con alguien más.

Nunca he visto la transformación de vuelta a su cuerpo humano, y es que después de que me hace el amor entre niebla, tengo la sensación de estar embriagada y mi vista es poco clara. Y él me empieza a hacer caminitos en la cabeza con sus garras, mientras sus escamas ponen fresca mi piel y tararea la misma melodía, una pieza bellísima que me ha provocado dolores de cabeza al aferrarme a recordarla cuando estoy despierta. Y es una ironía, porque en su estado humano, mi esposo tiene un problema de retención con los números y con la música, y jamás ha sido capaz de cantar una canción completa.

Estoy casada con un hombre bueno, y soy amante de una bestia que me enloquece. No sé si son el mismo, o uno posee al otro, no sé si en él hay maldad o es normal, tal vez a todos los hombres les pasa lo mismo en diferentes etapas de su vida.

No quiero saber más. Ya casi es de noche y nos dirigimos en su carro a la casa, fuimos a cenar y todo fue muy normal.

En unos minutos cuando nos dispongamos a dormir, comenzará otra vez el ciclo de pasar del comedor a la alcoba, en el que mis ansias lo transforman en el hombre azul, escamado, sin ojos, de garras filosas y boca brillante. Ya viene.