Todos estamos en el centro



Brillaban los ojos del gato amarillo, mientras pavoneaba su cuerpo a sabiendas de que sus rallas naranja contrastaban con el verde llamante de las hojas del jardín, amigas de las flores. Y las flores soltaban la vida que contienen, para dar un paso al comienzo, o tal vez un comienzo al paso de las horas, el ciclo musical, natural belleza, sexo asexuado, la manera más pura de acercarse a la verdad. Y el aire bailaba con ganas del jazz embotado en su propio sabor a fuerza, jalando nubes. Y la lluvia coqueteaba con los pedazos de hierba que despunta, rogando como amante insaciable, mientras más agua más sed, ante la abundancia avaricia también. Y el agua rozaba su cara bonita cuando sentía las hojas mojadas, y su cara de gato se convertía en poema, y se lamía las manos para aclarar sus ojos sin fondo que miran las hojas verdes, que miran el ansia primavera. Ojos sin fondo, sé mío.
1 Response
  1. káfe Says:

    Te me figuras un personaje de Angeles Mastretta, o como una fotografía de 62 megapixeles bien coloreadita, asi con los contrastes resaltados: carrilleras y de a falda larga, chile tomate y cebolla. jajaja. besos.