Todos estamos en el centro

Brillaban los ojos del gato amarillo, mientras pavoneaba su cuerpo a sabiendas de que sus rallas naranja contrastaban con el verde llamante de las hojas del jardín, amigas de las flores. Y las flores soltaban la vida que contienen, para dar un paso al comienzo, o tal vez un comienzo al paso de las horas, el ciclo musical, natural belleza, sexo asexuado, la manera más pura de acercarse a la verdad. Y el aire bailaba con ganas del jazz embotado en su propio sabor a fuerza, jalando nubes. Y la lluvia coqueteaba con los pedazos de hierba que despunta, rogando como amante insaciable, mientras más agua más sed, ante la abundancia avaricia también. Y el agua rozaba su cara bonita cuando sentía las hojas mojadas, y su cara de gato se convertía en poema, y se lamía las manos para aclarar sus ojos sin fondo que miran las hojas verdes, que miran el ansia primavera. Ojos sin fondo, sé mío.

Te me figuras un personaje de Angeles Mastretta, o como una fotografía de 62 megapixeles bien coloreadita, asi con los contrastes resaltados: carrilleras y de a falda larga, chile tomate y cebolla. jajaja. besos.