Del ideal y el real



Yo no sirvo para la filosofía, sí, yo no sirvo como hombre para conocer al hombre. A mí me parece casi imposible analizar los entes sociales sacándolos de mi contexto, soy tan yo que me cuesta desprenderme de mí misma. Por añadidura soy mala analítica.

Entre lo que creo ideal y lo que sé parte de mi propio conocimiento adquirido, no me queda nada. Soy solamente parte del circo, no pertenezco a los afortunados que llegan hasta las butacas.

Hace un rato, mientras fumaba con mi madre allá afuera, tres abejas nos rondaban. Ella me contaba la manera en la que algunas veces se siente observada, se da cuenta de que todo lo que habla es interpretado por el universo, se da cuenta de que puede espantar a las abejas haciéndoles saber que ella es la reina de esta casa y no son bienvenidas para hacer su panal aquí. Las abejas huyeron y conocen a su reina. Esa vivencia es literal, mi madre espantó con la mente abejas de las que pican con su aguijón, viven en comunas y hacen miel.

En clase de filosofía discuten el concepto de justicia, discuten la filosofía del viejo y nuevo testamento, y la Iliada de Homero, la injusta batalla en Gaza. Yo quiero participar, decir algo inteligente. En la clase, mi compañero Mario nos tiene a todos atentos mientras habla de injusticia, saca su revista Proceso que compró sólo por una bendita foto del interior que nos muestra indignado.

Isaías, el maestro se emociona y debate con Mario. Yo siento que sé un poquito de todo y siento que concuerdo con Mario, pero también concuerdo con Isaías. Me pregunto si seré la única estúpida que no ha participado en clase porque se da cuenta de que no puede hilar los pensamientos tan rápido, esa discusión que se vive en el aula yo podría sintetizarla en dos días como un monólogo con pies y cabeza, escribir un ensayo pues… pero así de la nada profundizar tanto y aplicar los conocimientos adquiridos integrándolos de manera tan concreta mmm.

Yo escribo ensayos con tesis, antítesis, conclusión, introducción y teoría. Me gustan las interrogantes, me gusta investigar y redactar. Luego me doy cuenta de que la vida no está hecha de hojas con rollo mareador que generalmente no le dejan nada a nadie, salvo el autor.

Y veo a los demás. Anita en su computadora como siempre, como si no hubiera mucho que hacer afuera de un monitor y un teclado; Norma esperando cualquier oportunidad para hablar del narco, que si el chapo y la línea (cosas que tampoco entiendo y no me interesa entender) y que los diputados y su escándalo partidista, cosas que no tienen nada que ver con la justicia, o más bien sí pero no como ella las platica; Angel Holguín, esperando que mencionen algo erróneo de la biblia para corregirles sus errores como buen cristiano; el tipo que no conozco hablando pero no me llama la atención así que no sé que dice; Cristian y Azucena murmurando para ver qué libro eligen para su proyecto; y yo, Sol, queriendo decirles que nos dejemos de ambigüedades y conceptos como “justicia” que no tengo ni la menor idea que es o cómo se aplica en una sociedad donde el que tiene más dinero es el que vale más, los que tienen droga dicen hasta donde llegan los gobernantes y los politiquillos se corrompen o se retiran.

Yo creí que en la clase de filosofía nos acostaríamos en los bellos jardines del campus a fumar. Pobre mujer de prejuicios, ahora te aguantas en esa clase tan rara.


Foto: Silvia Zavala Gutierrez
2 Responses
  1. El Principito Says:

    Jeje ay mi frailecito valiente, a ver si no le reclaman sus compañeros de clase, le mando un beso =*


  2. Dovhdovh Says:

    Sol:

    Date cuenta que eres una gran filósofa. Investiga, pregunta, avanza, vence el miedo.

    Estoy contento, regresaste al taller. :D