Hoy puede ser un gran día. Mañana también

Ya está llorando el cielo, desde el momento en el que Paco menciona el caminar de la musa que tiene alma de gato, y sale el sol para ella. Llueve más fuerte, y es un debate en que si su chica baila o no baila. Las hamburguesas saben a Paulina cuando se habla de Paulina, y la gastroenteritis duele menos en Paulina. Mejor ordena un vaso con agua en vez de tomarte la lluvia.
Yo digo que todos bailamos, desde el traspié en la madrugada al levantarse, el estiramiento a las 9 de la mañana cuando el jefe se descuida, el correr para alcanzar el transporte y el abrazo en el que nos quedamos por 10 segundos revelando cansancio y ganas de compartir lo que en ese momento ni la boca quiere expresar.
Es este paso rápido que le damos a la vida, pensamos que se convierten tus danzas más sublimes en pasos disparejos necesarios, los cuales aparentan carecer de relevancia. Dicen los grandes sabios que quien escucha su respiración una vez al día, es el único consciente de su propia vida. Vivir no se parece a festejar todas las noches, ni a que te apoden “señor interesante”. La vida tiene más cercanía con los árboles, con la creación de caricias sinceras en los instantes más hostiles, con la buena voluntad que mata las ansias de venganza, y esa luz del cielo rojo, que apaga mis ojos cansados y luego los vuelve a encender en matices rosados.
Quiero cubrirme desde las uñas de los pies hasta la punta del cabello, voy a humedecerme de un color verde que pueda camuflarse en el jardín donde los ritos satánicos se convierten en una explosión de frutos sin malicia, donde las maravillas de Dios pueden jugar con mis pensamientos más mundanos y terminarlos en oraciones, donde Jesús toma la mano Hitler mientras todos bailamos un dance tonight de McCartney, aunque nada tiene que ver pero me gusta la mandolina, la guitarra y el bahio.
Trozaré todas mis fotos, sólo voy a dejar aquella que le tomé a mis pies, para asegurarme de que mis hijos sabrán que nunca tuve los pies en la tierra, y que a pesar de todo, no logré echar raíces por culpa de mi condición de medio vegetal, medio animal y medio criatura fantástica salida de los cuentos en los que las brujas huyen de la torre negra y las ranas anuncian que los nomos bailan con los conejos. Me gusta tanto volar, que me desespero en el cubículo que enmarca la vida laboral, hoy tuve que trabajar parada y ponerme a bailar, discretamente, pero pude bailar el soul que mis pies cantaban bajo las sandalias blancas y el esmalte fucsia.
No quiero hacer pactos nunca más, mejor quiero llenar nuestra casa de flores, abejas y miel. Para que tengamos varios colores interesantes que plantar, para que enfrentemos el terror de los zumbidos que quiero espantar contigo, y para que tengamos suficiente dulce para el café de las mañanas. Con esa miel también estaré dispuesta a curar tu garganta cerrada, que quiero siempre abierta a reír, quejarse de mis travesuras y darme una palabra suave acompañada de esa mirada.
La mirada de cómplice “ya vas”.
Yo digo que todos bailamos, desde el traspié en la madrugada al levantarse, el estiramiento a las 9 de la mañana cuando el jefe se descuida, el correr para alcanzar el transporte y el abrazo en el que nos quedamos por 10 segundos revelando cansancio y ganas de compartir lo que en ese momento ni la boca quiere expresar.
Es este paso rápido que le damos a la vida, pensamos que se convierten tus danzas más sublimes en pasos disparejos necesarios, los cuales aparentan carecer de relevancia. Dicen los grandes sabios que quien escucha su respiración una vez al día, es el único consciente de su propia vida. Vivir no se parece a festejar todas las noches, ni a que te apoden “señor interesante”. La vida tiene más cercanía con los árboles, con la creación de caricias sinceras en los instantes más hostiles, con la buena voluntad que mata las ansias de venganza, y esa luz del cielo rojo, que apaga mis ojos cansados y luego los vuelve a encender en matices rosados.
Quiero cubrirme desde las uñas de los pies hasta la punta del cabello, voy a humedecerme de un color verde que pueda camuflarse en el jardín donde los ritos satánicos se convierten en una explosión de frutos sin malicia, donde las maravillas de Dios pueden jugar con mis pensamientos más mundanos y terminarlos en oraciones, donde Jesús toma la mano Hitler mientras todos bailamos un dance tonight de McCartney, aunque nada tiene que ver pero me gusta la mandolina, la guitarra y el bahio.
Trozaré todas mis fotos, sólo voy a dejar aquella que le tomé a mis pies, para asegurarme de que mis hijos sabrán que nunca tuve los pies en la tierra, y que a pesar de todo, no logré echar raíces por culpa de mi condición de medio vegetal, medio animal y medio criatura fantástica salida de los cuentos en los que las brujas huyen de la torre negra y las ranas anuncian que los nomos bailan con los conejos. Me gusta tanto volar, que me desespero en el cubículo que enmarca la vida laboral, hoy tuve que trabajar parada y ponerme a bailar, discretamente, pero pude bailar el soul que mis pies cantaban bajo las sandalias blancas y el esmalte fucsia.
No quiero hacer pactos nunca más, mejor quiero llenar nuestra casa de flores, abejas y miel. Para que tengamos varios colores interesantes que plantar, para que enfrentemos el terror de los zumbidos que quiero espantar contigo, y para que tengamos suficiente dulce para el café de las mañanas. Con esa miel también estaré dispuesta a curar tu garganta cerrada, que quiero siempre abierta a reír, quejarse de mis travesuras y darme una palabra suave acompañada de esa mirada.
La mirada de cómplice “ya vas”.

Que bueno que ya actualizo muñequita, no se de donde saca tanta locura... bueno si lo se =*, es muy bueno eso que escribio
sigues viva wey?, haber si ahora si te cotorreas, inche veija siempre te tiene que andar buscando uno y luego sales con tragedias jajajaja XD
cuidece, que estes bien, sobrexxx
usted, tocada por las musas siempre que la escucho.
Me siento honrado de que mi corto nombre salga aquí.
tenga un bello horario de invierno, querida sol.
Jean