Ya es hora de irme lejos.


Irme lejos y esconderme de todos, alejarme del mundo. Pero no sé la ubicación exacta de “lejos” y no quiero gastar gasolina hasta estar segura de mi lugar destinado. Vivo en un universo que es un todo en el cual no me puedo alejar de los que viven en él.


Traté de poner algunos kilómetros de distancia para alejarme de los sueños dorados del ayer, y aunque ahora vivieron metamorfosis, siguen ahí, en el mismo espacio del aire que respiro, del universo que me ilumina y la galaxia en la que viajo a través de él.


-Déjeme le doy un masaje en la cabeza.
-No, es que no me gusta… -


Pero accedí, y mis terminales nerviosas comenzaron a extasiarse, y dormí entre unos brazos que hicieron de 10 minutos un encuentro micro macro de mi vida y el reconocer que todo ser habitante de una vida comparte una coincidencia con todos los demás, así viva del otro lado de la ciudad, en otro país, continente o planeta.


Dime Casiopea, ¿por qué me sentí única durante tanto tiempo? si la plenitud de la conciencia espacial se comparte en cada mirada, respiro, vibración corporal, mensaje mental, chasquido de la fricción de mis dientes, correr de la sangre a través de las venas.

Y veo al hombre buscando su alma gemela, su nación aliada, su patriotismo, su fanatismo, su religión perfecta y partido político predilecto. Y es que aún no lo saben, que ya pertenecemos a un grupo, el que se llama “no sólo somos hermanos, sino somos uno mismo” un mismo ente que depende de nadie y de todos a la vez.

Nadie recuerda el amor esencial, todos queremos entregarle la vida a nuestros hijos, a nuestros esposos, a nuestros padres, a nuestros amigos, y en el mejor de los casos a nuestro dios. Y se nos olvida el amor propio que debe existir como consecuencia de actuar sin exigir nada a cambio, sino por el contrario, agradeciendo a la vida lo que ya está para nosotros y nos cuesta apreciar porque es parte del ambiente.

Es por ello que quienes tocan fondo, quienes pierden todo y quieren vuelven de la muerte son los únicos que tienen algo interesante que contar. A los demás, nos basta con criticar a los vecinos, organizar manifestaciones y ser selectivos con nuestras amistades para creer que vivimos medio bien socialmente hablando. No hay sociedad, no hay iglesia, no hay organización, ni hay fe. Qué decir del pobre murmullo que habla desde nuestro interior y que cada día toca la puerta para invitarnos a ser mejores, para eso sí estamos ocupados, tanto que hasta nos dan ganas de huir de nuestra mente misma.

Ya quiero irme lejos, pero mejor me acerco más.
2 Responses
  1. El Principito Says:

    Muy lindo amor, sobre todo por el masajito en la cabeza que no le gustaba =)
    Le mando besitos


  2. Anónimo Says:

    Hola, navegando y buscando una repuesta a lo que me esta pasando por la cabeza termino dando en tu blog, y estaba a punto de cerrarlo despues de leer esta...anotacion supongo jeje, te dejo mi mail por si en algun momento ves este comentario jiguenpucho@hotmail.com soy de argentina pero no encuantro esa forma de pensar x aca